
Por Víctor Hugo Acevedo
En política hay momentos que marcan ruta. Y hoy, sin duda, México vive uno de ellos. La transformación no puede sostenerse sin unidad, y esa es una realidad que hoy cobra mayor relevancia frente a las decisiones que marcarán el rumbo hacia el 2027.
La reciente determinación de las dirigencias nacionales de MORENA, Partido del Trabajo y Partido Verde Ecologista de México de caminar en alianza no es un movimiento menor. Es una señal política clara: la transformación no se fragmenta, se fortalece cuando existe visión compartida.
La postura de Mary Hernández al respaldar esta decisión refleja una lectura política que va más allá de lo electoral. Habla de entender que los procesos de cambio profundo requieren cohesión, responsabilidad histórica y, sobre todo, lealtad con el pueblo.
La transformación nació para cambiar realidades. Nació para cerrar brechas históricas, para devolverle dignidad a quienes durante décadas estuvieron fuera de las decisiones y para construir un modelo donde la justicia social deje de ser discurso y se convierta en política pública permanente.
Cuando se habla de unidad, no se habla solamente de acuerdos políticos. Se habla de proyecto. Se habla de rumbo. Se habla de entender que los intereses colectivos deben estar por encima de las diferencias coyunturales.
Hoy el país enfrenta retos que requieren madurez política. Requieren liderazgos que entiendan que la política no es confrontación permanente, sino construcción de soluciones reales para la gente.
La alianza rumbo al 2027 representa continuidad de un modelo de gobierno que ha puesto en el centro a las personas. Representa estabilidad para los proyectos sociales, para el desarrollo regional y para la consolidación de un país con mayor equilibrio social.
Desde lo local, la experiencia demuestra que cuando existe coordinación entre fuerzas políticas que comparten principios, los resultados llegan. Y llegan en forma de infraestructura, programas sociales, desarrollo económico y fortalecimiento del tejido social.
La transformación no es propiedad de un partido. Es un proceso social. Es una decisión colectiva de millones de mexicanas y mexicanos que eligieron cambiar la historia del país.
Por eso, cuando se habla de unidad, se habla también de responsabilidad con el presente y con el futuro. Se habla de entender que los proyectos verdaderos trascienden personas y coyunturas.
Hoy, la unidad no es solamente una estrategia política. Es la fuerza que mantiene viva la transformación.



